
Corazón de Niño.
Madera bien pulida, con una forma concreta de lo más corriente, todo un símbolo de lo “bueno“ y ahí lo tienes. Sin más; Una idea, un supuesto recuerdo que te aborda o una sensación en su defecto, pues no es mi caso, y no es por llevar la contraria sino por sencilla sinceridad.
Lo fácil sería evocar pasados episodios, que en mi caso, seguramente, estos ya estén más que maníos, desempolvar alguna historieta idealizada, de suave textura, con tonos pastel y aroma a nenuco.
También es esperable encontrarse con un ferviente deseo de que dicho espíritu fresco se mantuviera inmaculado e intacto de por vida, tan bello como absurdo propósito.
Como se habrá notado ya, no me gustan los tópicos y aparentemente voy a cambiar de tercio, pero tened paciencia ya que todo tiene un porqué.
Es fácil tener una buena figura con dieciocho años, pero lo meritorio es conservarla con sesenta, más aún, dejarlo todo cuando no se tiene nada, es sencillo no ser romántico cuando nunca se ha amado, despilfarrar es entendible cuando aquello que se malgasta no ha supuesto ningún esfuerzo o sacrificio.
Por todo ello no me parece plausible, ni meritorio el hecho de albergar buenos y firmes propósitos de amor, paz y amistad por siempre y para siempre cuando todavía no se ha tenido tiempo de saber, lo que es un desamor, lo que es verte en guerra con enemigos que van a por ti y asimilar de que haya quienes no quieran de tu amistad. Es como el “felices fiestas” de tu vecino cuando se cruza contigo en el portal, es una tradición más, que se ha quedado hueca.
No defiendo, sólo justifico, ya me gustaría a mi que los corazones se mantuvieran puros y conservaran por siempre sus ideales primarios pero el tiempo y las experiencias erosionan los sentimientos y todavía no he mencionado los casi insorteables intereses, tema al que prefiero ni entrar.
Los infantes en ese aspecto considero que son egoístas y yo preferiría alabar al corazón adulto que se ha enfrentado de cara con las tentaciones y las ha vencido, a aquellos que han sabido sortear los malos deseos, hasta aquellos que se equivocaron y luego han quedado profundamente arrepentidos y sin olvidar a los tantos y tantos que día a día lo seguimos intentando aunque fallemos mas que acertemos.
Madera bien pulida, con una forma concreta de lo más corriente, todo un símbolo de lo “bueno“ y ahí lo tienes. Sin más; Una idea, un supuesto recuerdo que te aborda o una sensación en su defecto, pues no es mi caso, y no es por llevar la contraria sino por sencilla sinceridad.
Lo fácil sería evocar pasados episodios, que en mi caso, seguramente, estos ya estén más que maníos, desempolvar alguna historieta idealizada, de suave textura, con tonos pastel y aroma a nenuco.
También es esperable encontrarse con un ferviente deseo de que dicho espíritu fresco se mantuviera inmaculado e intacto de por vida, tan bello como absurdo propósito.
Como se habrá notado ya, no me gustan los tópicos y aparentemente voy a cambiar de tercio, pero tened paciencia ya que todo tiene un porqué.
Es fácil tener una buena figura con dieciocho años, pero lo meritorio es conservarla con sesenta, más aún, dejarlo todo cuando no se tiene nada, es sencillo no ser romántico cuando nunca se ha amado, despilfarrar es entendible cuando aquello que se malgasta no ha supuesto ningún esfuerzo o sacrificio.
Por todo ello no me parece plausible, ni meritorio el hecho de albergar buenos y firmes propósitos de amor, paz y amistad por siempre y para siempre cuando todavía no se ha tenido tiempo de saber, lo que es un desamor, lo que es verte en guerra con enemigos que van a por ti y asimilar de que haya quienes no quieran de tu amistad. Es como el “felices fiestas” de tu vecino cuando se cruza contigo en el portal, es una tradición más, que se ha quedado hueca.
No defiendo, sólo justifico, ya me gustaría a mi que los corazones se mantuvieran puros y conservaran por siempre sus ideales primarios pero el tiempo y las experiencias erosionan los sentimientos y todavía no he mencionado los casi insorteables intereses, tema al que prefiero ni entrar.
Los infantes en ese aspecto considero que son egoístas y yo preferiría alabar al corazón adulto que se ha enfrentado de cara con las tentaciones y las ha vencido, a aquellos que han sabido sortear los malos deseos, hasta aquellos que se equivocaron y luego han quedado profundamente arrepentidos y sin olvidar a los tantos y tantos que día a día lo seguimos intentando aunque fallemos mas que acertemos.
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