header-photo

A los 30

Estamos como al principio pero más desgastados, erosionados, marcados por lo pasado y por lo vivido y por qué no; por lo sufrido, por lo llorado, por lo decepcionante que fue, por lo doloroso que resultó, por lo equivocados que estuvimos, porque no nos dimos cuenta antes, por no haber hecho nada en su momento, porque nos arrepentimos y ya de nada sirvió.
Tantos motivos, tantos recuerdos, son tantas y tantas cosas ¿verdad?……………………………………., una vida joven que está en pleno recorrido, pero que ya no es novata, ya hay experiencia previa, ya existen precedentes y se ha creado jurisprudencia al respecto, pero con una contrapartida muy elevada que hemos abonado casi sin ser conscientes de ello;

La ilusión.

Algunos se quedaron sin ninguna; trágico suceso, se vencieron ante el infortunio, aunque la fortuna interviene menos de lo que nos pensamos; se rindieron a la adversidad, prefirieron plantarse de rodillas, agachar la mirada y exiliarse en una profunda tristeza aunque se disimule con una sonrisa de atrezzo y una simpática vitalidad de cartón piedra en no pocos casos.

Triste circunstancia esta y más triste para el que osa a acercase a este desolado paraje postbélico, para aquel o aquella que se prende de un palacio, pero de un palacio que tiene un gran jardín marchito, donde tendrá que arrancar raíces secas, sembrar confianzas en toda su gama y regar a diario nuevas esperanzas, a quien le toca limpiar a fondo lo que él no ha ensuciado ni ha descuidado, arreglar lo que no ha roto y sanar heridas que no ha provocado. Una dura misión en la que hay que pensarse muy mucho si merece la pena, si seremos capaces de terminar la colosal obra o nos quedaremos por el camino dejándola aún peor y más aún, si nosotros mismos tenemos también nuestras dolencias cardiacas. Donde se corre el injusto y muy doloroso riesgo de no poder alcanzar la cima, porque es la misma montaña la que no se deja ascender, la que no quiere regalarte su cumbre, donde llegar a lo más alto, contradictorimente, es a su vez llegar a lo más profundo; en definitiva: Sigue siendo cosa de dos.

Existen muchos y diversos riesgos para esta empresa, pero sin duda, en el caso de estar verdaderamente convencidos, es obligado aceptar el invite ya que la recompensa es indescriptible, no hay mejor agua que la que se bebe sediento.


Se entiende por todo lo anterior a aquellos que eligen por comodidad mental y por desidia emocional mantener contacto con tacto……haciendo descensos generacionales; desde luego es más sencillo mantener una relación mono direccional aún a sabiendas, lo que lo convierte en una práctica de profundo egoísmo, de que es una relación pseudo-parasitaria, al margen de que el huésped obtenga su contrapartida en algún tipo de especie, lo que lo convierte en una mera relación mercantil, que no sentimental.

Normal que se diga que cada vez el mercado está peor, el mercado realmente sigue tal cual, es quien lo afirma el que ha cambiado y ahora evidencia lo que antes no era capaz, como el que entiende otro idioma después de haberlo estudiado, cuando para él antes sólo era ruido y símbolos incomprensibles; sirva el ejemplo.

Aún con todo, remarcar que no considero, en resumen, que exista realmente problema alguno, sino una circunstancia, circunstancia dada por el hecho de haberlo intentado por lo que nunca y digo nunca, se puede considerar un error; me quedo con lo positivo, prefiero la experiencia ,sin lugar a dudas, a la inocencia.

Por qué no seguir intentándolo, por qué no apostar por la oportunidad, por qué rendirse al fracaso, por qué no poder disfrutar de esa sonrisa que nos hace levantar la nuestra.

Lo podemos hacer fácil, nos merecemos hacerlo.